Panamá: ¿Qué práctica inusual está salvando a sus ganaderos?
La Península de Azuero en Panamá enfrenta una sequía sin precedentes, agravada por un fuerte evento de El Niño y el cambio climático. Ganaderos tradicionales luchan por mantener sus fincas con arroyos secos y reservorios vacíos, temiendo por su ganado y sustento. Sin embargo, una práctica agrícola sostenible, el silvopastoreo, está demostrando ser una tabla de salvación para algunos. Al integrar árboles en sus pastizales, estos rancheros no solo conservan el agua vital, sino que también construyen resiliencia frente a un clima que cambia rápidamente, destacando la urgencia de adoptar soluciones ecológicas.
En la península de Azuero, Panamá, ganaderos como Ismael “Jim” Solís se enfrentan a un desafío sin precedentes. Después de décadas lidiando con sequías, Solís teme que su único arroyo se seque por completo, una amenaza que nunca antes había enfrentado. Edwin Carrasco, otro ganadero, ya ve cómo el arroyo de su propiedad ha desaparecido, obligándolo a bombear agua de un pozo.
La situación es aún más grave para Cecibet Peralta, cuyo reservorio artificial, ampliado para resistir, se ha agotado, forzándola a mover su ganado. Los informes del Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá confirman una alerta por El Niño, pronosticando menos lluvias en una región ya vulnerable. Este fenómeno, intensificado por el cambio climático, promete veranos cada vez más duros y sequías prolongadas, poniendo en peligro el futuro de la ganadería tradicional en Azuero.
Frente a esta crisis hídrica, algunos ganaderos han encontrado una solución vital en el silvopastoreo, un sistema que integra árboles en los pastizales. A diferencia de la ganadería convencional que despeja la tierra, el silvopastoreo ayuda a conservar el agua y mejorar la calidad del suelo. Manuel Cedeño, ganadero silvopastoril, afirma que este método le ha brindado “más abundancia de agua, mejor calidad del agua, mejor forraje para los animales y más biodiversidad” en su finca.
Los árboles ofrecen sombra para el ganado, mejoran el valor nutricional del pasto y, al proteger las zonas ribereñas, reducen la evaporación del agua. Además, muchos sistemas silvopastoriles usan bombas, a menudo solares, para llevar el agua directamente a los animales, limitando la contaminación de las fuentes naturales. Jake Slusser, ingeniero forestal de la Iniciativa de Capacitación y Liderazgo Ambiental de Yale, destaca que estas fincas son “mucho más resilientes durante los años de El Niño”, aprovechando el agua de manera eficiente.
Aunque la transición al silvopastoreo requiere inversión y no elimina todas las emisiones de la ganadería, sus beneficios en la conservación del agua y la resiliencia climática son innegables. Es una oportunidad crucial para restaurar los paisajes degradados por décadas de deforestación para pastizales, sin reemplazar los modos de vida, sino mejorándolos. Para Solís y otros ganaderos que aún no han hecho el cambio, la sequía actual es un recordatorio urgente: “si no reforestas, más rápido se te va el agua”. Adaptar las prácticas agrícolas es fundamental para asegurar un futuro sostenible frente a un clima cambiante.